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viernes, 10 de junio de 2011

1986 - El Poeta - 2011

Hay muchas causas para la vigencia de Borges. Ésta es una: abro una página de sus Obras completas (libro compañero de viajes y mudanzas por más de treinta años), leo y me parece recordar, como si las palabras me golpearan físicamente, mi humanidad compartida con otros por los siglos de los siglos, los dones sagrados de esta vida asombrosa, mi fragilidad, mi muerte.
Borges con su escritura abre las puertas y es como si miráramos el mundo por primera vez, como si pudiéramos pensarlo por primera vez y admirarnos de cómo no recordábamos que era así, que venía siendo así y será así, más allá del tiempo.
En "Una oración", Borges dice: "Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo; que alguien repita una cadencia de Dunbar o de Frost o del hombre que vio en la medianoche el árbol que sangra, la Cruz, y piense que por primera vez lo oyó de mis labios".
Tantas veces pienso que lo oí de sus labios. Si no lo oyera, el mundo sería más pobre y yo, más sola o más ciega.
Por Inés Garland (ADN Cultura /La Nación)




Una Oración

Mi boca ha pronunciado y pronunciará,
miles de veces y en los dos idiomas que me son íntimos,
el padre nuestro,
pero sólo en parte lo entiendo.
Esta mañana,
la del día primero de julio de 1969,
quiero intentar una oración que sea personal,
no heredada.
Sé que se trata de una empresa que exige una sinceridad más que humana.
Es evidente,
en primer término,
que me esta vedado pedir.
Pedir que no anochezcan mis ojos sería una locura;
sé de millares de personas que ven y que no son particularmente felices,
justas o sabias.
El proceso del tiempo es una trama de efectos y de causas,
de suerte que pedir cualquier merced,
por ínfima que sea,
es pedir que se rompa un eslabón de esa trama de hierro,
es pedir que ya se haya roto.
Nadie merece tal milagro.
No puedo suplicar que mis errores me sean perdonados;
el perdón es un acto ajeno y solo yo puedo salvarme.
El perdón purifica al ofendido,
no al ofensor,
a quien casi no le concierne.
La libertad de mi albedrío es tal vez ilusoria,
pero puedo dar o soñar que doy.
Puedo dar el coraje,
que no tengo;
puedo dar la esperanza que no esta en mí;
puedo enseñar la voluntad de aprender lo que se apenas o entreveo.
Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo;
que alguien repita una cadencia de Dunbar o de Frost
o del hombre que vio en la medianoche el árbol que sangra,
la Cruz,
y piense que por primera vez la oyó de mis labios.
Lo demás no me importa;
espero que el olvido no se demore.
Desconocemos los designios del universo,
pero sabemos que razonar con lucidez y obrar con justicia
es ayudar a esos designios,
que no nos serán revelados.
Quiero morir del todo;
quiero morir con este compañero,
mi cuerpo.  


Jorge Luis Borges (1899 - 1986)

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lunes, 18 de octubre de 2010

Un bis poético para recuperar a una mujer

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. 
Ya no compartirás la clara luna 
ni los lentos jardines. Ya no hay una 
luna que no sea espejo del pasado, 

cristal de soledad, sol de agonías. 
Adiós las mutuas manos y las sienes 
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes 
la fiel memoria y los desiertos días. 

...Nadie pierde (repites vanamente) 
sino lo que no tiene y no ha tenido 
nunca, pero no basta ser valiente 

para aprender el arte del olvido. 
Un símbolo, una rosa, te desgarra 
y te puede matar una guitarra.





Jorge Luis Borges

viernes, 2 de julio de 2010

Son los ríos

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.

Somos el agua, no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.

Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.

Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.

Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.

En 'Los Conjurados" de Jorge Luis Borges