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lunes, 28 de marzo de 2011

Viajo

Ventanilla de oficina.
En la pared,
inmenso almanaque.
Dos oficinistas programan sus feriados anuales.
"¿Cabe la vida en un almanaque?", pienso.
Regreso de esa imagen.
En este otoño venidero
recogeré las secas hojas,
abonaré la tierra
y al duro invierno esperaré.
Porque hacia la Primavera voy.
En busca de una foto.
Del viaje que ella esconde.
Del golpeteo incesante del agua contra el barco.
De un continente lejano y con lengua propia.
De calles, misterios y serranías que dicen que hubo.
En esa Tierra.
En ese Valle.
En ese Mar.
Me dejaré sembrar con la Primavera.
Viajo.


martes, 8 de diciembre de 2009

Los días de tu ausencia

Miércoles 25 de noviembre
No tengo otra opción más que escribir para encontrarte.

Y así voy por tu querida ciudad de Buenos Aires, que carga sobre sí toda la humedad del mundo. El sol hace días que no asoma. Y te extraño. Tanto te extraño que estoy empezando una tener miedo. Miedo de olvidar. De época Cómo Olvidar el Apretón de tus manos contra las mías. Cómo, el beso de tu boca rompiéndose en mi mejilla. Cómo era tu risa de divertida y espontánea. Cómo, tu sonriente y llegar tarde cada Enérgico.

Todos morimos un poco al perderte. Y eso, es inevitable. "Ya está, ya pasó todo", me dijo, y me abrazó. Y ahí nos quedamos los tres. Detenidos en el tiempo. En tu tiempo. El tiempo de la muerte.



Martes 8 de diciembre
¿Cómo se nombra la ausencia? ¿Cómo se la escribe?

No hay más preguntas que.

Es este dolor de vos quien escribe y busca nombrarte.

Mientras todo esto sucede intento aturdirme cada día. Entonces, Te busco. Sigo buscándote. Me cuelgo con los ojos de los balcones florecidos de tu querida Buenos Aires. Camino de las calles que Durante los últimos cuarenta años te han visto vivirlas. Miro las caras de los niños, con ternura y melancolía les sonrío y, en el gesto dulce que me devuelven, Ansio encontrar tu mirada pícara, risueña, amable. Mis piernas y mis pies van en una búsqueda constante y mi mente y mi corazón, en un letargo ingobernable.

Son noventa y dos días de ausencia. El número seis me dio con toda su cadencia, su peso y su golpe. Me dirán que tengo tus recuerdos, tus enseñanzas, tu música, tu gente querida. Me dirán que estás en mi corazón. Y no mienten. Pero yo sólo sé que una caja basta para resguardarte del paso del tiempo. Y que sé, por ahora, nada me conforma.

Siempre supe que la literatura me había salvado, quizás de irme antes que vos. No me lo hubieras perdonado ni entendido. Doy gracias de que no haya sido así y que juntos hayamos Dado cuerpo a los ritos del vivir.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Rec


¿En qué estrella estarás cantando hoy esta vieja canción que despertó de sonidos y algarabía las tardes de mi niñez?...

En mi recuerdo es una tarde de otoño (¿lo fue?). Llegaste, como era habitual en vos, con la idea 'rumiada' por días y días. La habías pensado y organizado con todos sus detalles en ese lado de tu mente donde anidaban las fantasías. Así es que acomodaste las cintas, marrones recuerdo, colocaste el micrófono en el grabador y, primero, ensayamos varias veces. Yo soy Prudencio Navarro,/ el cuarteador de Barracas./Tengo un pingo que en el barro/... Y pusiste "Rec".

¿Qué nos gustaba tanto de esa ceremonía?...  ¿Mi ingenua y simpática pronunciación de niña con cinco años?... ¿Tu risa a borbotones que me contagiaba e interrumpía el canto?...

¿Cuántas tardes esa canción nos abrazó en el mismo canto?... ¿Y cuántas noches de verano,  regresando de la plaza, nos perdíamos "cantando bajito" cualquier otro tango que intentabas que yo memorizara?...  Ahora comprendo: en esas letras te encuentro y nos encuentro riéndonos, alegrándonos, viviéndonos.

¿A qué estrella le canto hoy? ....

martes, 27 de octubre de 2009

Sherezade

Diario de Clase

"¿Me contás cómo empezó todo?", sentenció hoy Martín al verme.

Evadí la respuesta con un "No sé muy bien, dejame pensarlo y en el próximo encuentro, lo conversamos, te parece?". Bajé las escaleras y me fui. Entonces, recordé.

Nada hacía prever al comenzar esta mañana -tan acuática y tan frugal- que nos despediríamos para llevarnos uno en el otro.

A veces, sucede así. Nos encontramos, con Martín y sus compañeros, para regalarnos simplemente un "buen día". Conversamos por unos minutos de cualquier cosa, todos a la vez. No nos molestan las voces superpuestas. Tomamos cada uno un lugar. Planteo el tema: "Hoy, la vanguardia en la poesía". Detrás de mi exposición vendrá el debate, las preguntas y las repreguntas. Comentarios que van, comentarios que vuelven. Y entre tanto, diviso hojas y lápices que procuran registrar ideas, sentimientos, "toma de apuntes" que le decimos. Sucede muchas veces que nos reímos: de ocurrencias, de equívocos, de absurdos, de ignorancias propias y ajenas. Vamos así, entre ejercicio y ejercicio, poblando el aire de palabras. Leemos fervorosos, devotos. Siempre pidiendo más. "¡Que no termine!", escucho por lo bajo. Dejamos entrar a nuestra invitada de cada encuentro, la Literatura. Nos entregamos a su abrazo en el huequito izquierdo que espera. Volamos unos instantes. Regresamos extasiados. Sabemos que hemos llegado al final. Partimos llevándonos una idea, una frase que no nos pertenece pero nos dice, un sentir diferente. Una historia por averiguar, una ficción por concluir, un “queda para la próxima”.

De pronto, desde el fondo del aula, otra vez Martín con sus dieciséis cristalinos años que me dice: "Pero, Noemí, no se puede terminar así la clase. Nos dejas como al Sultán de las Mil y Una Noches, ¿te acordás?”

Le sonrío con los ojos, después lo miro entre sorprendida y emocionada. "¡Cómo no recordarlo!", pienso entre mí. “Ahí está tu respuesta, Martín: Todo empezó con mi Sherezade”.

Me sonríe. Le sonrío. Sabemos de qué hablamos.

Mientras bajo las escaleras, pienso quién habrá sido tu Sherezade, la Sherezade de cada uno de los que saludo y despido. Qué historias los anidan sin saberlo, sin recordarlo aún. "Ya las recordarán", pienso, y me voy.

Camino. Mucho camino. Como quien busca sabiendo que ya no va a encontrar. Mientras regreso, en el andar, el cielo me indica mi Sherezade. Abierto y claro, en él reconozco los cuentos de la niñez, aquella huida de Italia, las historias familiares que todos repetimos, tus anécdotas escolares y tus bravuconadas, tus certeros relatos barriales y este puñado de historias en las que te seguiré encontrando, Papá, cada vez que salga a buscarte y no te encuentre.




jueves, 15 de octubre de 2009

Hay penita, pena...

Me duele el sol de estos días.

No quiero olvidar. No.
Tu perfume.
El sonido de tus palabras.
Tu andariego despertar.
Tus "buenos días" de cada día.
Tu risa inundando los espacios.
Tu mesa tendida.
El sonido del teléfono llamándome.
Tu "hay que vivir y dejar vivir".
Ni cada uno de los instantes cotidianos.

Y sin embargo, el tiempo acabará con su misión de horadar, uno a uno, los recuerdos. Y me iré quedando, poco a poco, con esfumados momentos, gestos, aromas. Los auténticos. Los que te nombren fielmente, junto a estas palabras que no hacen más que buscarte en este espacio del vivir.

martes, 6 de octubre de 2009

Final del "no viaje"

En esta parada daré por terminado el viaje que no fue. Y con ella la sección "Viajar".
Seguiremos encontrándonos en otros "viajes", con otros itinerarios, con otras compañías, con otros paisajes y aromas. Tal vez sucedan, tal vez...


¿Quién sueña a quién en estos días?
¿Vos que me sonreís desde el más allá o yo que sueño tu risa estrellarse en el aire que es el mismo aire que respiro?...

Cuando miro mis manos y encuentro en ellas tu misma piel blanca y suave, entiendo la genética. Aunque compartimos otras muchas "marcas" de esta descendencia que lleva impreso en nuestro nombre al Río.

Cuando me sorpendo pronunciando frases  o repitiendo gestos -que ahora empiezan a pertencerme del todo- entiendo que la genética nos trascendió.

Cuando en estos días el sol primaveral enciende tu amada ciudad de Buenos Aires sembrándola de alegría, movimiento y color, algo se oprime en mi corazón que no quiere -porque no puede- dejarse llevar por ese calor que abraza maternalmente.

Cuando te salgo a buscar en una canción, en una foto, en una vidriera, en una callecita porteña, en la anécdota cómplice de tus amigos, en tu agenda sembrada de estampitas comprendo la generosidad de la vida para conmigo. Aunque cada día comience a extrañarte más.

Cuando tomo conciencia que nos quedó tanto por recorrer...

Ahora comprendo, con el alma y con el cuerpo, qué es dejar de ser hijo.

Ahora entiendo cuál era esa fuerza gallarda que siempre llevé en mí y que me impulsó a la Vida y a Vivir. Cuando se desaceleraban mis  pasos, cuando ya no me interesaba llegar a algún lugar, cuando me ganaba el desánimo, ahí, la potencia de tu espíritu vital ganaba mi coraje y me lanazaba al camino del vivir sin red. Como ahora. Con tu legado en mis ojos.

Ahora que otros caminos en lo eterno te entretienen y que otro Viaje es el que te lleva, me quedo con todo lo que en mí hay de vos. Tu sonrisa franca y generosa. Tus manos hondas y fuertes con que nos sostuviste y me regalaste tu última caricia. Tu palabra siempre a tiempo en el consejo. Tu complicidad profunda y callada en el silencio. Tu cantar porteño, tu decir serratiso, tu enojo calabres. Tu amor por la Vida, por la Amistad y la Familia. Tus Lealtades, tus Justicias, tus siete Caídas y tus setenta veces "Levántate y anda".  Tu mesa familiar regada del generoso Banquete del beber, del comer y de la alegría del compartir la “re-unión”.

Ahora que hay que seguir, que hay que aprender, que hay que saberse la historia para que no se apague.

Ahora, le robaría a los árboles sus ramas, a los pájaros su canto, al mar su oleaje, al viento su ronroneo para que todos juntos, y a la vez, te llenen los oídos de aplausos y la mirada de caricias.

Ahora que intento esta despedida, este "hasta pronto", este "ciudate", este "andá despacio", este "atenti", este "abrigate", este "no vuelvas tarde", este "¿te llevo un mate?".

Ahora que salí a buscarte entre tu porteñas callecitas, entre tus esquinas que son ahora toda mi fortuna.

Ahora que tu ausencia me roba una sonrisa. Ahora que tus pasos no se escuchan. Ahora que tu decir risueño no me arranca carcajadas interminables. Ahora que me pueblan recuerdos con aromas, con colores, con texturas. Ahora que te encuentro en cada pibe que sale a mi encuentro en las calles. Ahora que necesito entender.  Ahora, que es mi tiempo. Chau, Gordito. Chau, Viejo. Nos vemos arriba.

30-8-1936
6-9-2009


miércoles, 23 de septiembre de 2009

De viaje por la música

Los viajes, también, se definen por su música.

La música evoca una armonía, una cadencia, un ritmo, un sonido.

Esa música nos va marcando el territorio de aquello que nos Pertenece Verdaderamente del viaje.

Esa música nos delimitación quienes fuimos, quienes somos y quienes seremos antes, Durante y Después del viaje.

Esa música nos habla de un tiempo que es el tiempo de la infancia. Dice Juan José Saer Respecto al: "Lengua, sensación, afecto, emociones, Pulsiones, sexualidad: de eso está hecha la patria de los hombres, a la que quieren volver Continuamente ya que la Llevan consigo donde quiera que vayan." La patria de la infancia es la patria de la escritura. Entonces, la música que nos habla del tiempo de la infancia no es más que ese tiempo que nos vuelve con el viaje y descorre el velo de aquello que buscamos al viajar (al escribir).

Esa música altera los latidos del corazón y el parpadeo habitual de nuestros ojos, esa música nos define, nos REDIME. Esa música que nos habla de un nosotros ancestrales. Esa música que nos encuentra mirando un punto fijo, en blanco, preguntándonos, ¿por qué? ... ¿Y porqué no? ...
































































martes, 22 de septiembre de 2009

De partidas también se alimentan los viajes


Partir es un eslabón del viajar.

Suponemos que es el enlace final. Pero sólo es una suposición.

Los viajes se DeSean, se sienten. Después, se los piensa, se los interiorización. El paso de las horas con, y del tiempo, se los señaliza diagrama, y se los vuelve a diagramar. ¿Adónde vamos primero? ¿Qué ruta tomamos? ¿A qué hora arriba el avión? ¿Dónde nos ESPERAN? ¿Alquilamos un auto? ¿Quién lleva el mapa? ¿Y la filmadora? ¿Y después volvemos para dónde? ¿Vienen? Así, van apareciendo amigos, familiares, conocidos con sus Recomendaciones, los consejos, las direcciones de más amigos, los encargos, los impostergables.

Deseado, sentido, diagramado, planificado.

El paso siguiente es con quién. Viajar Con quién sí, recorrer, reír, caminar, correr, nadar, soñar, reír, llorar, pasear.

Decidida la Compañía, es innegable el mar que desear ya el día y la hora para partir.

Partir, ¿Y ahora hacia dónde? ...

Sabíamos El primer destino. Estaba escrito. Llegábamos directo al aeropuerto y de ahí, al Hotel. ¡Y qué hotel! Me imagine-tantas veces-bajando con vos a la playa, caminando, respirando profundo, llenándonos de ese aire que llevamos desde el principio de los tiempos en nuestros ojos. Una semana en la playa, con todo el Mediterráneo para nosotros, ¿te lo imaginaste alguna vez? Después, ya lo habíamos decidido, perdernos en nuestras raíces. Dejarnos ir hacia donde Todo comenzó. A partir de ahí, Aun TENIENDO planificado el resto del viaje, todo lo que vendría seria "como de prestado", "La yapa". Sé que vos lo sentías Así también.

Viajar, ¿qué es? ...

Quizás ahora sepas la respuesta.

Yo debo conformarme solamente Tener con la pregunta.

Y, ¿sabes? ...

No me conformo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Recuerdos en viaje

¿Cuándo el tiempo del vivir Comienza a poblarse de recuerdos?

¿Cuándo es ese tiempo en que la vida se detiene unos instantes y sólo hay imágenes, aromas, CADENCIAS, texturas, sabores que de otros Fueron Para Comenzar A Ser nuestros ahora?

¿Cuándo se desvio La Rueda de la Fortuna y nos dejó aquí, en este punto, precisamente, donde no hacemos pie?

¿Cuál fue la última conversación? ¿Y la última mirada?

¿Cuál, el gesto del final?

¿Y la última música compartida?

miércoles, 19 de agosto de 2009

Comienza el viaje




Los invito a un viaje.

Un viaje de infancia: buscar al “hombrecito del sombrero gris”; mirar cuanto hueco de ascensores encontré, para preguntarme si en verdad estarían juntos "Mariel y el capitán".

Con el paso del tiempo, me fui a Chile con “Amanda”. Partí hacia Cuba con “Yolanda”, con “aquella mujer con sombrero” y con todos los que “merecen amor”. Llegué a Montevideo con un tal Juan hablándome de la alegría, de la felicidad, del Sur y del Norte, de lo que existe a pesar de. Volví a Chile, me esperaban Isla Negra, Temuco, Valparaíso, Santiago y un ramillete de mujeres pasionales y de firmes obreros. De ahí, partí a España: Miguel, Antonio, Manuel, Rafael, Federico venían a mi encuentro, otra vez, de la mano de Juan. Y así, el mundo y el viaje se volvieron palabras por siempre.

Después, al regresar, el viaje fue saber dónde estaban. Y a esta estación vuelvo, aún hoy, a menudo. ¿Dónde?... ¿Porqué?...

El “Toto” de Puig en “La traición de Rita Hayworth” y el “Toto” de “Cinema Paradiso” me transportaron a sus mundos con las imágenes. Antes y después, viajé con “El jardín de al lado” de José Donoso, “Rayuela” de Julio Cortázar, “Cuarteles de invierno” de Osvaldo Soriano, “Seda” de Alessandro Baricco, “La flor de Lis” de Elena Poniatowska, “El amor en los tiempos del cólera” de G. G. Márquez, “La Ilíada y la Odisea” de Homero, “La tempestad” y su “Rey Lear” de W. Shakespeare, “María Estuardo” de F. Schiller, el Río Paraná de Juanele, las profecías de Alejandra, las infancias de Silvina, las intrigas del ser con George, todo Juan José Saer y todo Andrés Rivera con “La revolución es un sueño eterno”, “El Cuaderno Verde del Che”, “El tratado de pintura” de Leonardo Da Vinci, el poder y la opresión en “Vigilar y Castigar” de M. Foucault, las iluminaciones de T. Adorno, los espacios literarios de M. Blanchot. Desde los márgenes también viajé con “Tengo miedo torero” de Pedro Lemebel y “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia” de Cristian Alarcón. Con la exquisitez de John Berger, Clarice Lispector, Fernando Pessoa, Tolstoi y Flaubert, también volé. De los viajes con el "Pagina/12" de Lanata, Gelman y Soriano conservo huellas en los ojos y en la piel. Fue un gran despertar, como las lecturas de Dolina, Abrevaya y Guinzburg en la legendaria "Humor". Y con la “Operación” de Rodolfo que nunca termina, este viaje aún continúa. Se construye día a día. A veces avanza. Otras descansa. Algunas retrocede para volver a empezar. Pero nunca se detiene.

Desde la voz de Roberto, Norberto, Silvia, Diana, la otra Silvia también viajé para preguntarme todas aquellas tardes por qué la literatura...

Viajes en movimiento: subirse a un avión, a un tren, a un auto y atravesar la distancia, y llegar. Viajes inmóviles, también los hay. Llevan a otros lugares, si llegan, y suelen recorrer distancias abismales que traen de vuelta al mismo, o al que fue, o al que nunca será. Viajes silenciosos. Viajes inútiles. Viajes para siempre y viajes para nunca. Viajes hasta vos. Viajes hasta mí. Viajes para saber y para no saber. Viajes para encontrar y desencontrar. Viajes hacia la nada y hacia el todo. Viajes...

¿Qué es el viajar? ¿Cómo viajamos? ¿Quién nos lleva? ¿Cuál de todos los que somos se va al partir? ¿Quién es el que regresa?...

Viajar es el tema, sí.

Viajar con las lecturas, en su quietud, en sus incertidumbres, en la maravilla de creer que ese “artificio” nos redime.

Viajar con los Lynch, con los Almodóvar, con los Eastwood, con los Burton, con los Fellini, con los Antonioni, con los Dardenne, con los Coen.

Viajar con el vuelo -en la piel y en los ojos- de la melodía que estremece el alma y los pies de Caetano, de los Valdez, de Paco, de Clapton, Knofler, de Madredeus, de Luciano, de The Pretenders, de Cesárea, de Charly, de Edith.

Viajar por los recuerdos. Y con los recuerdos.
Viajar con ese aroma. Con aquella mirada en la mañana. Un río. Un mar. Un silencio. Y un grito.

Viajar.

Desde hoy, los estaré invitando a viajar. Sin rumbo fijo y, por ahora, con un destino seguro: la literatura.