martes, 17 de marzo de 2015
domingo, 15 de marzo de 2015
La ventolera
Silba el viento dentro de mí.
Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie,
ni siquiera dueño de mis certezas,
soy mi cara en el viento, a contraviento,
y soy el viento que me golpea la cara.
En "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano (Uruguay 1940)
Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie,
ni siquiera dueño de mis certezas,
soy mi cara en el viento, a contraviento,
y soy el viento que me golpea la cara.
En "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano (Uruguay 1940)
domingo, 8 de marzo de 2015
Ser
Los pájaros dibujan grandes círculos en el cielo
con su libertad.
¿Cómo lo aprendieron?
Ven,
Te diré en secreto
Adónde lleva esta danza.
Mira como las partículas del aire
Y los granos de arena del desierto
Giran sin norte.
Rumi
Ahí vamos
¿Quién hace estos cambios?
Cabalgo tras de un venado y me encuentroperseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quieroY termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otrosy me caigo en ellas.
¿Debo sospechar
de lo que quiero?
Yalal ad-Din Muhammad Rumi (Vakhsh 1207 - Turquía 1273)
sábado, 7 de marzo de 2015
Donna

Raffaele Montepaone
Fotógrafo
Hervías la leche
y seguías las aromosas costumbres del café.
Recorrías la casa
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas están justificadas
al pasar del comedor a la sala,
donde están los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los días
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la línea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la colección de matas
enanas y el flamboyán subterráneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mármol,
se echaría sobre nosotros.
"La mujer y la casa" poema de José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas están justificadas
al pasar del comedor a la sala,
donde están los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los días
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la línea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la colección de matas
enanas y el flamboyán subterráneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mármol,
se echaría sobre nosotros.
"La mujer y la casa" poema de José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)
viernes, 6 de marzo de 2015
Encuentro
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
los árboles, arriba eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
Tus manos fueron suaves en las mías
y sentí al tiempo la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.
y sentí al tiempo la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.
Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto en la boca, una luz en las ojos.
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto en la boca, una luz en las ojos.
"Existían tus manos" poema de Antonio Gamoneda
Con "m" de esperanza
Mamá: ahora eres silenciosa como la ropa
del que no está con nosotros.
Te miro el borde blanco de los párpados
y no puedo pensar.
Mamá: quiero olvidar todas las cosas
en el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.
Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.
He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.
Mamá: no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Esta es mi condición.
Y mi esperanza.
"Hablo con mi madre" poema de Antonio Gamoneda (España, 1931)
y no puedo pensar.
Mamá: quiero olvidar todas las cosas
en el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.
Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.
He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.
Mamá: no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Esta es mi condición.
Y mi esperanza.
"Hablo con mi madre" poema de Antonio Gamoneda (España, 1931)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
