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viernes, 30 de marzo de 2018

Mi primer viaje por mar


Nacido de familia judía, Karinthy había estudiado medicina, ciencias naturales y matemática antes de saltar a la fama en su país en 1912 con sus inimitables columnas. Se opuso toda su vida a la guerra y a los políticos conservadores de su país. Su pluma fue celebrada y defendida por los mejores escritores húngaros de su tiempo: Dezsó Kosztolanyi, Mihaly Babits y Sándor Márai. Luego de la operación, volvió a Budapest, publicó su libro, retomó su gozosa rutina y,dos años más tarde, cayó muerto de golpe mientras se ataba los cordones de sus zapatos, y así se ahorró misericordiosamente la suerte que correrían todos los judíos cuando empezó, pocos meses más tarde, la Segunda Guerra Mundial. 

En Oigo trenes en mi cabeza por Juan Forn. Página/12. 24/11/2017

viernes, 12 de junio de 2015

Llegar...Viajar...Partir...


"Al final de la Odisea, después de haber matado a todos los Próceres, Ulises deja a Penélope y parte nuevamente.
Porque lo hace?
Porque Ulises no es un personaje sino una manía.
Una manía que obliga al hombre a partir, siempre.
Una manía que algunos tienen y otros no.
Si tú también la tienes, sabe que en el puerto hay una nave que te espera.
No te preocupes por la valija.
No preguntes el precio del billete.
No preguntes el destino.
Lo importante es partir…"

La Odisea (Homero)

sábado, 2 de mayo de 2015

Oficio

Quería huir y al mismo tiempo me decía que debía mirar hacia aquel ruido en el suelo, para, a pesar de todo, haber oído, una vez, ese ruido de llamarada de leña húmeda de la muerte de una mosca común.

Sí. Eso es, esa muerte de la mosca se convirtió en ese desplazamiento de la literatura. Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar morir una mosca. Tenemos derecho a hacerlo.

A Michelle Porte le dio un ataque de risa cuando dije a qué hora había muerto la mosca. Y ahora pienso si no sería yo quien contara esa muerte de una manera risible. En aquel momento carecía de medios para expresarlo porque miraba aquella muerte, la agonía de aquella mosca negra y azul.

La soledad siempre está acompañada por la locura. Lo sé. La locura no se ve. A veces sólo se la presiente. No creo que pueda ser de otro modo. Cuando se extrae todo de uno mismo, todo un libro, forzosamente se está en el particular estado de cierta soledad que no se puede compartir con nadie. No se puede hacer compartir nada. 

Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir; todo escribe, la mosca, la mosca escribe, en las paredes, la mosca escribió mucho a la luz de la sala, reflejada por el estanque. La escritura de la mosca podría llenar una página entera. Entonces sería una escritura. Desde el momento que podría ser una escritura, ya lo es. Un día, quizás, a lo largo de los siglos venideros, se leería esa escritura, también sería descifrada, y traducida. Y la inmensidad de un poema legible se desplegaría en el cielo.

(...)

Un libro abierto también es la noche.

Estas palabras que acabo de pronunciar me hacen llorar, no sé por qué. 

Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre.


Del libro "Escribir" de Marguerite Duras (Vietnam, 1914 - 1996, Francia)

viernes, 19 de diciembre de 2014

Horacio Quiroga

 “Busco lo que casi nunca se encuentra. 
Soy capaz de romper un corazón por ver lo que tiene adentro, 
a trueque de matarme yo mismo sobre los restos de ese corazón”

El hombre que nos enseñó a tener frío, por Juan Forn, diario Página/12


jueves, 30 de diciembre de 2010

Otra recomendación - Sobre "Tecnópolis"

Imposible no  reproducir -en estos tiempos que corren- este fragmento de la Contratapa del día del diario Página/12.







Por Leonardo Moledo

La ciencia es un arma cargada de futuro
Casi Gabriel Zelaya
(¿Habrá oído alguna vez este verso
nuestro jefe de Gobierno?)

_____________________________________

Con bigote por Barba recortado

Con la piel de un dinosaurio ya extinguido
Macri viene como un nuevo invertebrado
Desgranando su discurso perimido




El querría a Tolomeo y Torquemada
Vivir la ciudad plana y medieval
Balbuceando ante cualquier inconveniente
Que la única solución es la integral.



Así le habló el payador
a toda la concurrencia
cuando empezó a recitar
sobre el macrismo, y la ciencia


Tecnópolis, la ignorancia
Y un bigote recortado
Por mandato de una barba
Que es sólo cartón pintado.


La ciencia, el conjunto de ella, es una parte de la cultura, una parte central, una herramienta del desarrollo, uno de los componentes de la belleza. Cuando dirigíamos el Planetario de la Ciudad, nuestro esfuerzo principal justamente, consistía en poner los recursos de cara a la ciudad; en gran medida lo conseguimos. Llevamos el Planetario a quienes no podían acceder a él (cárceles, hospitales, villas); pero esto que hacíamos tenía una clara raíz ideológica: la ciencia y la cultura son bienes sociales porque toda la sociedad participa de una manera u otra en ellas.


(...)

"Pensar, que es lo que esta megamuestra representa. Porque Macri tiene miedo. Le tiene miedo a la cultura, a esa cultura científica que dinamiza la sociedad, que la construye como sociedad civil, y a un semáforo le horrorizan los piquetes (sí, porque los piquetes también son una forma de pensamiento y una de las organizaciones que la sociedad se da a sí misma), y pensar, para usar las palabras de nuestro semáforo gobernante, es un proceso integral. ¿Cómo no va a tener miedo? ¿Cómo no va a echar integralmente a Tecnópolis fuera de los límites de una ciudad?"

Ir al artículo completo de "Macriópolis"

Preparando el equipaje

Por estos días entre brindis, abrazos y confesiones,  no hay quien no me pregunte "¿qué me recomendas leer en vacaciones?"...

Estimo dejar algunos títulos: de algunos llevo más de una lectura en mi haber, a otros recién me entrego, muchos son parte de mis lecturas preferidas.

Recomendaría, especialmente, los bellos libros que recopilan las obras completas de poetas como Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Juan Manuel Inchauspe, Antonio Gamoneda, Roberto Juarróz, Hugo Mujica, J. L. Escudero, Idea Vilariño, Juana Bignozzi. Que tan buena y cálida compañía me prodigaron este año que ya se va.

Mi lista podría iniciarse con:

"Mazapán con Miel" de O. García Saritzu (narrativa)

"Violín y otras cuestiones" de Juan Gelmán (poesía)

"Aún ir a unir" de J. Leonidas Escudero (poesía)

"Blanco Nocturno" de Ricardo Piglia (narrativa)

"Las ciudades invisibles" de Italo Clavino (narrativa)

"De A para X" y "Aquí nos vemos" de John Berger (narrativa)

"Libro del desasosiego" de Fernando Pessoa (narrativa)

"CineClub" de David Gilmour (narrativa)

"Hacer una película" de Federico Fellini (narrativa)

"Tratado de la pintura" de Leonardo Da Vinci (narrativa)

"Estuario" de Marisa Negri (poesía)

"Lazos de familia" de Clarice Lispector (narrativa)

"Desde el cerco" de Federica Rosenfeld (poesía)

lunes, 27 de diciembre de 2010

Yo es Otro. Parte 2

Tarsila do Maral

"(...) la otredad del Otro revela una condición trágica e insoluble de la condición humana. La otredad del Otro es aquello que establece al Otro en mis antípodas, que lo privilegia como objeto central de mi odio, que puede hacer de mí muchas cosas que no desearía ser. No ser un asesino, por ejemplo. Cuando la otredad del Otro llega a su extremo intolerable para aquel que lo considera su Otro, la más frecuente solución es matarlo. El odio con que muchos hablan de eso que hoy han establecido como el Otro lleva a preguntarse a qué extremo serían capaces de llegar. Sobre todo porque el Otro del que hablan no los afecta directamente. Ya sabemos que la Argentina se ha deslizado de un Otro a Otro y a Otro: el gauchaje federal, el malón, la inmigración, el cabecita negra, la guerrilla, los piqueteros, etc. Siempre se necesita otro. Alguien en quien depositar el odio. Hoy, el Otro es el inmigrante. No sólo aquí. La furia es generalizada. El muro que levanta Bush contra los mexicanos. Los musulmanes de Sarkozy. Los “indeseados” de Berlusconi.(...)"


"(...) El argentimedio no quiere estar donde está. Necesita algo que le dé importancia. Que haga de él algo distinto de lo que es. Sale de esta situación por medio de Otro a quien odiar. “¡Nos vienen a robar el país!” dice el argentimedio de los bolivianos, los paraguayos y los peruanos, a los que ha bautizado con nombres despectivos. Bolitas a los bolivianos, por dar un ejemplo.(...)"


"¡Qué enorme favor le ha hecho la otredad del Otro! La otredad es todo aquello que hace que el Otro sea el Otro. El Otro es negro, es feo, es sucio, es extranjero, es un invasor. El, no. El es argentino. Con el solo hecho azaroso de haber nacido aquí le alcanza. No necesita hacer nada más. Es argentino. Y el bolita le ha permitido sentir que la Argentina es suya. Tanto lo necesita que –si no existiera–, tendría que inventarlo. Sartre, en su ensayo sobre la cuestión judía, dice que si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría. Lo mismo aquí: si el bolita no existiera, el argentimedio, el argentimedio(cre), el xenófobo, el racista, ese hombre pequeño que necesita odiar para existir, lo inventaría."

*Fragmentos de la "Contratapa" escrita por José Pablo Feinmann en el diario Página/12. Ir al texto completo.
 
 
"(...) El error más grave de las clases medias xenófobas hacia los bolivianos y hacia los pobres en general, es la idea de que a la gente lo que más le gusta es protestar y hacer lío. Cuando eran los movimientos de desocupados decían que a los piqueteros los que más le gustaba era cortar rutas; cuando hay huelga docente creen que a los docentes les fascina estar de huelga; cuando hay ocupaciones de terrenos creen que la están pasando bárbaro o que se están robando una propiedad privada. Es toda una visión distorsionada. Imaginate si tenés que optar entre tres cosas: uno, tener una ventanilla en la cual puedas solicitar y en un tiempo razonable te van a dar una respuesta para que adquieras una tierra, una vivienda; dos, tener que salir a ocupar un predio de donde sabés que te pueden echar a vos y a tu familia dentro de 20 años o en cualquier momento, y tres, ponerte a vivir en una esquina debajo de la lluvia con tu familia… No es viable vivir en la calle debajo de un puente y la ventanilla no está. Entonces tienen que abrir ventanillas en todos lados. Con respuestas políticas, no hay asentamientos."
 
*Fragmento de la entrevista al antropólogo Alejandro Grimson, publicada en el diario Miradas al Sur. Ir al texto completo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

A veces pasan los milagros y no nos damos cuenta


De las historias que contaba Dolina, su favorita es la del mago Pirulo. “Era un mago que creía en la magia, realmente, y por eso se subía a los escenarios con una varita y una galera, mientras otros hacían grandes trucos de ilusionismo él siempre decía lo mismo: ‘Ahora va a aparecer una paloma’, pero nunca aparecía nada. Al tipo lo sacaban a huevazos, pero un día pudo participar en un concurso junto con los grandes magos del mundo. Todos hacían aparecer elefantes y cualquier cosa inverosímil. Cuando le tocó el turno a Pirulo, hizo lo de siempre: ‘Abracadabra, que aparezca una paloma’, pero no era un truco. Y apareció una paloma. Pirulo estaba muy contento, pero la gente lo echó igual. La moraleja es que a veces pasan los milagros y no nos damos cuenta.”
 

Fragmento de la nota a Alejandro Salvatierra, dirigente de Ciudad Oculta.
Leer el artículo completo aquí

Yo es otro



"(...)Hay algo de desnudez en el rostro. Por esto el rostro sobrepasa, como diría Levinas, las características anatómicas para encontrarse con el ser. El rostro es un antídoto frente a la discriminación y al racismo. Hay diferencia entre el rostro y la cara. La cara es máscara, producto de los años de socialización. La máscara interroga al rostro por sobre la cara. Pone entre paréntesis la cara del que la porta y abre a la multiplicidad del rostro que no es uno, sino que se constituye por las diversas miradas. Desenmascara la cara, la sobrepasa y conecta con la autenticidad, el vacío y la nada. Si la cara es máscara, el rostro es la posibilidad del desenmascaramiento infinito del ser y la nada.

Emmanuel Levinas construye una fenomenología del rostro: “Mandato de la desnudez y la miseria del otro, que ordena hacerse responsable del otro, más allá de la ontología”, y dice: “La proximidad del otro es significación del rostro. Una significación que rebasa de entrada las formas plásticas. El rostro traspasa incesantemente esas formas. Antes de toda expresión particular, desnudez y desembozo de la expresión en cuanto tal, es decir la extrema exposición, lo indefenso, la vulnerabilidad misma”.

 
Mario Jorge Buchbinder, "El rostro del otro está indefenso". Leer el artículo completo aquí

viernes, 8 de octubre de 2010

La literatura, según Mario Vargas Llosa

"Me propongo en este texto formular algunas razones contra la idea de la literatura, en especial de la novela, como un pasatiempo de lujo, y a favor de considerarla, además de uno de los más estimulantes y enriquecedores quehaceres del espíritu, una actividad irremplazable para la formación del ciudadano en una sociedad moderna y democrática, de individuos libres, y que, por lo mismo, debería inculcarse en las familias desde la infancia y formar parte de todos los programas de educación como una disciplina básica. Ya sabemos que ocurre lo contrario, que la literatura tiende a encogerse e, incluso, a desaparecer del currículo escolar como si se tratara de una enseñanza prescindible.

Vivimos en una era de especialización del conocimiento, debido al prodigioso desarrollo de la ciencia y la técnica, y a su fragmentación en innumerables avenidas y compartimentos, sesgo de la cultura que sólo puede acentuarse en los años venideros. La especialización trae, sin duda, muchos beneficios, pues ella permite profundizar en la exploración y la experimentación, y es el motor del progreso. Pero tiene, también, como consecuencia negativa, el ir eliminando esos denominadores comunes de la cultura gracias a los cuales los hombres y las mujeres pueden coexistir, comunicarse y sentirse de alguna manera solidarios. La especialización conduce a la incomunicación social, al cuarteamiento del conjunto de seres humanos en asentamientos o guetos culturales de técnicos y especialistas a los que un lenguaje, unos códigos y una información progresivamente sectorizada y parcial, confinan en aquel particularismo contra el que nos alertaba el viejísimo refrán: no concentrarse tanto en la rama o la hoja como para olvidar que ellas son partes de un árbol, y éste, de un bosque. De tener conciencia cabal de la existencia del bosque depende en buena medida el sentimiento de pertenencia que mantiene unido al todo social y le impide desintegrarse en una miríada de particularismos solipsistas. Y el solipsismo —de pueblos o individuos— produce paranoias y delirios, esas desfiguraciones de la realidad que a menudo generan el odio, las guerras y los genocidios. Ciencia y técnica ya no pueden cumplir aquella función cultural integradora en nuestro tiempo, precisamente por la infinita riqueza de conocimientos y la rapidez de su evolución que ha llevado a la especialización y al uso de vocabularios herméticos.

La literatura, en cambio, a diferencia de la ciencia y la técnica, es, ha sido y seguirá siendo, mientras exista, uno de esos denominadores comunes de la experiencia humana, gracias al cual los seres vivientes se reconocen y dialogan, no importa cuán distintas sean sus ocupaciones y designios vitales, las geografías y las circunstancias en que se hallen, e, incluso, los tiempos históricos que determinen su horizonte. Los lectores de Cervantes o de Shakespeare, de Dante o de Tolstoi, nos entendemos y nos sentimos miembros de la misma especie porque, en las obras que ellos crearon, aprendimos aquello que compartimos como seres humanos, lo que permanece en todos nosotros por debajo del amplio abanico de diferencias que nos separan. Y nada defiende mejor al ser viviente contra la estupidez de los prejuicios, del racismo, de la xenofobia, de las orejeras pueblerinas del sectarismo religioso o político, o de los nacionalismos excluyentes, como esta comprobación incesante que aparece siempre en la gran literatura: la igualdad esencial de hombres y mujeres de todas las geografías y la injusticia que es establecer entre ellos formas de discriminación, sujeción o explotación. Nada enseña mejor que las buenas novelas a ver, en las diferencias étnicas y culturales, la riqueza del patrimonio humano y a valorarlas como una manifestación de su múltiple creatividad. Leer buena literatura es divertirse, sí; pero también aprender, de esa manera directa e intensa que es la de la experiencia vivida a través de las ficciones, qué y cómo somos, en nuestra integridad humana, con nuestros actos y sueños y fantasmas, a solas y en el entramado de relaciones que nos vinculan a los otros, en nuestra presencia pública y en el secreto de nuestra conciencia, esa complejísima suma de verdades contradictorias —como las llamaba Isaiah Berlin— de que está hecha la condición humana. Ese conocimiento totalizador y en vivo del ser humano, hoy, sólo se encuentra en la novela. Ni siquiera las otras ramas de las humanidades—como la filosofía, la psicología, la sociología, la historia o las artes— han podido preservar esa visión integradora y un discurso asequible al profano, pues, bajo la irresistible presión de la cancerosa división y subdivisión del conocimiento, han sucumbido también al mandato de la especialización, a aislarse en parcelas cada vez más segmentadas y técnicas, cuyas ideas y lenguajes están fuera del alcance de la mujer y el hombre del común. No es ni puede ser el caso de la literatura, aunque algunos críticos y teorizadores se empeñen en convertirla en una ciencia, porque la ficción no existe para investigar en un área determinada de la experiencia, sino para enriquecer imaginariamente la vida, la de todos, aquella vida que no puede ser desmembrada, desarticulada, reducida a esquemas o fórmulas, sin desaparecer. Por eso, Marcel Proust afirmó: "La verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por lo tanto plenamente vivida, es la literatura". No exageraba, guiado por el amor a esa vocación que practicó con soberbio talento: simplemente, quería decir que, gracias a la literatura, la vida se entiende y se vive mejor, y entender y vivir la vida mejor significa vivirla y compartirla con los otros."


Fragmento de "Un Mundo sin Novelas" en Letras Libres (México) n°22 Octubre del 2000. Ir al texto

lunes, 27 de septiembre de 2010

Cultura contra la impunidad


Hasta cuándo, pregunta, exige cada uno de ellos, al terminar. Un repaso por lo ocurrido sólo durante las últimas dos semanas en lo que atañe a la Memoria Histórica empieza a acercar respuestas: fueron exhumados cuerpos de fusilados durante el franquismo en fosas de Granada, Toledo, Cazalla de la Sierra (Sevilla) y Málaga. Al devenir del juicio contra Baltasar Garzón –promotor fundamental de las investigaciones– y el revuelo judicial que provocó la medida, se ha sumado la reapertura de la causa en la Argentina por los crímenes cometidos durante la Guerra Civil. “La democracia no puede seguir ignorando esta tragedia y caminando sobre el vacío –ha dicho Almudena Grandes–. Esto no es un ejercicio nostálgico, sino una llamada a la reflexión sobre el tipo de país que queremos ser.”

sábado, 18 de septiembre de 2010

Mapeo

"La hija de mi amigo me hizo pensar en la importancia que tienen los modos de mapear a los otros. De la misma manera en que un mapa de rutas nos da pistas sobre los caminos a seguir, y nos ayuda a viajar, los modos de mirar y representar a los adolescentes no solo los describen sino también orientan nuestras acciones frente a ellos. Mapeos que etiquetan y estigmatizan a los más jóvenes, que los congelan en imágenes temerarias y amenazantes abonando a la construcción social de diversos miedos. Los medios masivos de comunicación son dispositivos estratégicos en la construcción de mapeos en torno de los jóvenes, las escuelas, las violencias y nos confirman una potente idea que el destacado sociólogo Pierre Bourdieu anticipó hace algunos años: los medios muestran ocultando. Una cámara escondida para estigmatizar adolescentes de una escuela, con la complicidad de un vecino, que mapea solo peligro, me obliga a poner de manifiesto algo de mi condición pedagógica como docente, como adulto, tratando de pensar en la formación de nuestros jóvenes alumnos desde una posición de responsabilidad y no de culpabilización. Se trata de pibes que están atravesando un momento clave y frágil en su propia constitución como sujetos y nosotros, los adultos, podemos posicionarnos de muy diferentes maneras frente a ello. Las cámaras que los señalan como feos, sucios y malos en mapeos que abonan la construcción del otro como una amenaza permanente, cuando lo cierto es que estos jóvenes están en plena construcción, ensayan personajes, se equivocan, se apasionan, provocan, aunque esto resulte incómodo e incluso desconcertante para los adultos que estamos allí."

* Gabriel Brener, para el Suplemento Las/12 del diario Página/12. Para leer el artículo completo clickear acá
*La imagen corresponde al documental "Nos Otros" sobre discriminación, dirigido por Daniel L. Raichijk.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La salud "de los enfermos"


"Con ciertas excepciones, en cualquier lugar del mundo de cualquier época los estudiantes fueron y son genéricamente sospechosos, o culpables, hasta que demuestren lo contrario. Vagancia, desatención, indisciplina, trampa, a veces violencia, son los caracteres que les confieren a priori. El periodista reniega de ingresar a campos del pensamiento que lo exceden (sociología, psicología social, entre otros, capaces de explicar ese síndrome). Ya cuando el estudiante, considerado en forma individual o a lo sumo respecto de su grupo de pertenencia, pasa a la categoría de “actividad” o, mejor dicho, de “movimiento” estudiantil, entramos en un terreno analítico que sí está al alcance de cualquiera que se tome el trabajo de pensar un poco. Ahí es cuando saltan, y/o se muestran mediáticamente, los más bajos instintos sociales, los resentimientos más profundos, las derrotas ideológicas, el dichoso enano facho. Ahí ya se trata de una masa de sujetos peligrosos y jóvenes, para peor, que amenaza no se sabe qué, pero amenaza. Gabriel Kessler, sociólogo e investigador del Conicet con muchos años de estudio sobre la “inseguridad”, reflexiona que esa palabra no es sinónimo de ruptura de la ley y, aunque la refiere al delito urbano, cómo no aplicarla al “caso” de los estudiantes. Apunta que muchas veces causa sensación de inseguridad, por ejemplo, el hecho de que haya jóvenes reunidos en la calle, que no están violentando ley alguna. En la materia toma de colegios, por cierto, podría argüirse que sí hay una violentación contra la propiedad pública o el derecho de los demás. ¿Es eso lo que inquieta a los bienpensantes alarmados? No, y no ni por asomo: los enardece que los pibes estén en la calle o movilizados, porque les altera la idea del orden básico que es custodio de sus intereses de clase. O de sus complejos de pequebús patéticos, que no encuentran la manera de que esa sangre juvenil bullente no les devuelva el espejo de su fracaso en la vida; o en su razonamiento sobre la educación. Porque hay algo muy fuerte antes que eso: resulta que todos los adolescentes de este país eran una manga de pelotudos birra-faso-videogame, desentendidos de toda impaciencia política. Y de la noche a la mañana salen de ese debajo de la tierra, y hacen asambleas; y reviven a los centros de estudiantes o ya estaban vivos y coleando y uno permanecía en su frasco; y si se nacionalizara el conflicto el propio gobierno kirchnerista podría perturbarse porque ya no sería, solamente, factura para el macrismo. ¿Dónde estaban estos pendejos? ¿Cómo no los vimos, o percibimos? Por la izquierda, a replantearse las verdades de a puño que se suponían irrebatibles. Y por la derecha, a asustarse."

Fragmento de la columna de opinión de Eduardo Aliverti. Para leer el artículo completo clikear acá.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Hanif Kureishi


"La escritura y la vida no son cosas aparte, aunque pueden estar separadas y, en general, el profesor tiene la tarea de abordar la escritura como una entidad independiente. Sin embargo, con frecuencia, un estudiante utiliza la escritura para meditar sobre su vida, de modo que lo que le muestra al profesor es un problema.

Una mujer decide escribir sobre su madre pero se encuentra abrumada por la pena y los sufrimientos. Sigue adelante, pero se detiene, aterrada de lo que puede querer decir. Al final tiene que decidir si quiere seguir o no con ese tema tan doloroso pero fundamental. Quizá prefiera escribir sobre otra cosa. O tal vez necesite descubrir si es capaz de afrontar ese asunto tan difícil. Y también puede pensar: ¿escribir es una forma de aplacar el terror, o de crearlo? Vemos que en este caso la escritora es el material; el poema es la persona. Son la misma cosa. De aquí se deriva que una de las angustias del escritor es el miedo a lo que sus palabras pueden hacerles a otros y lo que otros pueden hacerle a él si dice lo que piensa, aunque sea de forma ficticia. Como siempre hay ciertas ideas que se prohíben o se frenan en las familias -y en todas las instituciones-, casi todos los adultos, aunque sea de manera inconsciente, tienen miedo de expresar lo que piensan sobre determinados hechos. Temen que les acusen de traición y les castiguen, cosas muy posibles. Por lo tanto, deben preguntarse si van a poder soportarlo. Por otra parte, puede ser que exista una verdad personal concreta y que eso sea lo que el escritor desea revelar por encima de todo, y eso crea un conflicto insoportable que le hace bloquearse. Si un alumno no puede escribir más que monólogos deprimentes al final de los cuales el orador se suicida, uno tiene que preguntarse, no sólo sobre el estado de ánimo del autor, sino también por qué no hay más personajes en la obra, por qué no se oyen otras voces. En el caso del que hablo, era evidente que este alumno -que había estado ingresado en instituciones psiquiátricas en las que le habían hecho poco caso- me estaba mostrando algo que me tenía que tomar en serio y sobre lo que debía reflexionar. Era inquietante, y no me fue fácil ver cómo avanzar. Al final le convencí de que introdujera otros personajes para convertirlo más en una conversación. La verdad es que, al cabo de unas semanas, fue capaz de hacerlo, aunque los suicidios continuaron. Comprendí que, cuando por fin estaba a punto de abordar lo que le era imposible decir, el suicidio era una salida cómoda. Era otra versión del bloqueo del escritor. Pero una vez que sus personajes empezaron a dialogar -y el estudiante vio la importancia de debatir consigo mismo, de abrir su mente-, su obra se desarrolló. Las escenas se alargaron y la gente empezó a hablar. Su obra empezó a ser más accesible para otros. Durante un tiempo, al menos, pareció que el escritor había traspasado parte de su locura a sus personajes. Estaban más enfermos que él. La verdad es que los más sanos no suelen ser los más creativos. Como nos recordó Proust, "todo lo bueno que hay en el mundo procede de neuróticos. Disfrutamos de mil manjares intelectuales, pero no tenemos ni idea del precio que han pagado sus creadores, en noches de insomnio, lágrimas, risa espasmódica, erupciones, asma, epilepsia y el miedo a la muerte, que es peor que todo lo demás". Lo que me tranquilizaba era el entusiasmo de mi alumno, su empeño en el trabajo. Nuestras reuniones le proporcionaban una estructura útil. Creo que, si no hubiera tenido un profesor que le acompañase en el proceso, habría dado penosas vueltas sin fin y se habría aislado cada vez más. Su obra era una de las más extrañas e imaginativas que he leído, muy alejada del realismo romo y los convencionalismos que la mayoría de los estudiantes suelen considerar un trabajo imaginativo."

Fragmento del artículo publicado en el Suplemento Babelia del diairo El País de España. Leer el texto completo aquí

jueves, 2 de septiembre de 2010

¿El que escribe, por qué y sobre qué escribe?


 “Se escribe con la intención y la necesidad de ser leído, aunque únicamente sea por una persona en el mundo. La escritura, como toda palabra, existe para establecer una relación. Pero por eso mismo, compromete el futuro, implica un riesgo y abre una aventura”.

“Escribir es conjugar dos movimientos: el uno orientado hacia el futuro, el otro hacia el pasado; escribir es arrancar el pasado al pasado, buscar en el futuro la fuente del sentido y, retomando las palabras de Benjamin, ‘disipar la pesadilla mítica’ sustituyendo un nacimiento real a los fantasmas de la génesis.”

“La literatura responde al llamado del futuro, del porvenir, no al llamado del pasado”.

“A los intentos intelectuales totalitarios que quisieran ver únicamente en la literatura la expresión del psiquismo individual o de la lucha de clases”. 

“Es necesario abandonar decididamente los anteojos freudianos o marxistas si se quiere entrever algo de las causas y de los fines de la creación literaria”.

“Frente al futuro, el escritor ocupa una posición de espera y tampoco tiene el control. En busca de la inspiración, el escritor es literalmente un personaje en busca de autor. Escritor es una razón social; autor es un destino –compara–. El autor es el doble ideal del escritor. Cuanto más dice ‘yo’, más es doble.”


Declaraciones de Marc Augé en la inauguración de FILBA 

domingo, 14 de febrero de 2010

Acerca del tiempo y el deseo

Así habló Alejandro Dolina par ael suplemento Radar de Página/12

“Tengo una preocupación por el tiempo metafísica, no nostálgica. Es la preocupación que según Heidegger tenían los que enfrentaban ese hecho terrible que es que uno se va a morir, ése es el asunto. Pero es una preocupación que es existencial, si vos querés filosófica, pero no nostálgica. Si vos me preguntás cuál es la época más feliz de mi vida, te diría que este momento, el hoy, porque no puede ser de otra manera: cuando uno empieza a ver que el momento más feliz ya pasó, algo malo está sucediendo. Eso es una cosa que uno debe hacer ocurrir naturalmente. ¿De qué manera? Luchando por conseguir lo que uno desea, es el asunto del deseo, si todavía tenés fuerzas para luchar por tu deseo y hacer que cada tanto consigas lo que quieras; estoy pensando en el amor, nada más, no estoy pensando en camionetas. Entonces, el momento de felicidad es el presente. Claro, está el deterioro, y ésa es la preocupación: ¿hasta cuándo podré decir esto que digo hoy? Una amiga me decía, sin embargo, para continuar con la objeción, es decir que en algún momento uno decae, ya no tiene la posibilidad de ser deseado y entonces ya no puede decir esto que digo, acerca de que soy feliz hoy. Me decía esta amiga que después de cierta edad uno ya no puede funcionar como objeto de deseo con la misma intensidad. Un señor se queda pelado, una señora engorda, cosas banales, pero evidentemente el deseo nace, como asegura Octavio Paz, como ya aseguraba Platón, nace con la visión de un cuerpo hermoso, con la visión de algo grato, de un tipo que se mueve y que produce una atracción. Bueno, en algún momento uno deja de producir esa atracción y sobreviene, me decía mi amiga, una especie de sexualidad de segundo orden, erotismo de Primera B, cuando uno no hace sino un ejercicio de resignación. Sin embargo, siempre en la sexualidad y en el erotismo hay un grado de resignación, en todas las edades: si no hubiera esa resignación cósmica, la raza hubiera desaparecido hace mucho. Y funciona así la resignación, funciona casi como un autoengaño. Estaba por citar a Heidegger otra vez, que él decía que había una forma de vivir que no era auténtica y que consistía en estar engañándose todo el día para olvidarse de que uno es mortal. Algo así hay con el que se resigna a estar no con la mujer que más le gusta sino con la que le da bolilla. Y después hace una operación sobre su propio convencimiento para decir ‘no, ésta es la que yo quiero’; ‘éste es el tipo que me gusta’, dice la mujer que ya ha perdido sus encantos, que no tiene más remedio que conformarse con el hombre que no es el que ella soñó. Entonces se acomoda, se resigna, y la estirpe se prolonga. Pero mientras uno pueda evitar la llegada de ese día, uno debe de luchar. Creo que ésa es la lucha: tratar de que la intensidad de nuestra vida –no digo la felicidad: la intensidad, estoy hablando de luchas, también de intensidad política– esté hoy. Tratar de que sea éste el momento más intenso”.



Y así también habló para Critica de la Argentina:

"–¿Escribir es encontrar un sentido?


–Claro, ¿para qué otra cosa escribimos? Aunque sea un sentido artístico. El único sentido que tiene la vida es el amor, que es la razón de nuestra supervivencia, y el conocimiento. Ésas son las buenas noticias: a lo mejor existimos para cantar una milonga, para contar un cuento, para dar un beso, para aprender algo."