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martes, 16 de agosto de 2011

"Es más fácil saber por qué te fuiste,/que saber por qué te busco.

Tus razones, allá tan altas, y las de mi deseo,
las del deseo, ¿dónde dije que se escribían?"


"Quisiera clavarme el vidrio que nos separa
y desgarrarme,
aunque más no fuera sólo por hacer algo más sensato
que estar aquí
sin correr a buscarte."


"No te caigas,
 no eres tú,
ni haciendo toda la fuerza del mundo,
no te caigas en la vertigonosa belleza de
otros abismos
¿Extrañas?"


"Epílogo
Abro mi bolso en la estación de autobuses y veo
la lluvia emborrachando los árboles hasta el descuido,
sus bolsillos hambrientos (los de él),
un pez azul guiñando el ojo
y convirtiéndose en ave,
los árboles en sus bolsillos,
la lluvia guiñando el ojo,
un pez azul, borracho y hambriento hasta el descuido,
y a mí misma
convirtiéndome en ave.

Fragmentos del último libro de Luis María Pescetti

domingo, 24 de julio de 2011

Te espero convertida en luna

Querido Rey de la Cabina:
¿por qué llamamos amor al amor?
con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema,
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie.
Yo, que nunca te tendré.
Y aunque no te lleguen mis correos
te escribo,
y aunque no sepa si los lees,
te escribo.
Te escribía.
Ciega de ausencia de no verte,
ciega al resto de tu hueco en el mundo.
Harta de abrazar calaveras de tu presencia
siento el aire que alimenta mis pulmones,
respiro al imaginar que volvería a tenerte
enfrente mío, doblando tu ropa y los jazmines,
apoyando los azahares de tu frente.
Aunque falten siglos para tanto verano,
y hoy sólo tenga para ofrecerte
un otoño lleno de hojas que se retiran
regalando su turno a lo inventado.
Quiero regresar
sólo para lo imprevisto,
para lo que deba nacer de tus manos y las mías.
Para nada que ya haya sido escrito o dibujado.
Ni en tu alma, ni en la mía.
Paloma

Querido Rey de la Cabina: Crecieron todas
las semillas de tu carta.
Vieras qué hermoso prado. Los abrazos
crecieron sanos y fuertes rodeando mi cintura.
Crecieron besos en mis pies (¿sembraste besos para mis pies o fue un error del viento?).
Te espero convertida en Luna.
Paloma

Cartas tomadas del último libro de Luis M. Pescetti, Cartas al Rey de la Cabina

viernes, 9 de julio de 2010

Lo evidente


"Durante un tiempo uno ve lo que quiere o lo que teme; en todo caso: lo que cree ver.
Llega un día en el que, igual que con la respuesta a un acertijo, es evidente eso que siempre estuvo ahí, pero ahora salta a la vista, y antes sencillamente pasaba desapercibido.
¿Por qué no lo entendíamos antes? ¿Qué se corrió, qué cambió, que ahora lo vemos? ¿Qué se interponía entre nosotros y esta nueva comprensión?
Queda la ligera sensación de este nuevo entendimiento, el nuevo punto de vista, o la nueva mirada."

En la imagen, el río Paraná

domingo, 11 de abril de 2010

Cuando hablamos de escribir...


La productora del actor Gastón Pauls lleva adelante el proyecto Dar la palabra, con el que estimulan que los niños escriban. Me pidieron un texto que invite a los niños a escribir, y es el que sigue.





Quienes conocen un lápiz saben que es parecido a una varita mágica, una batuta de director de orquesta y con la forma de un pararrayos, aunque más pequeño.
Es una herramienta poderosa, como las espadas de Guerra de las Galaxias, pero sin luz, y sin hacer daño; pero es poderosa.
Podría decirles que pueden contar lo que quieran, pero eso no ayuda, voy a dar ejemplos.
Con un lápiz se puede contar nuestra vida, igual a cómo es; o contarla tal como nos gustaría que fuera. Se pueden contar historias que vimos y que nos gustaron mucho, o que no nos gustaron nada: contarlas para no sentirnos solos con eso que vivimos.
Se puede inventar una historia que parezca real. Se puede inventar una donde todo es mágico y ocurren los fenómenos más imposibles.
Podemos contar chistes que hagan reír, o historias que sean tan tristes que hagan llorar.
Podemos intentar escribir historias para hacernos famosos, o para que nos miren con más respeto. Para llamar la atención de una chica o un chico en especial.
Podemos hacer una denuncia: “Tal persona miente” “Tal otra persona hace algo que está mal”. Y a eso se puede escribirlo con forma de cuento inventado, o directo, tal cual lo sabemos.
También se puede hacer una propuesta: “Me gustaria que…”
Podemos anotar una historia que nos contaron, así no se olvida más, o inventar una que diga todo lo contrario para reírnos de esa que nos contaron.
Podemos inventar un mundo en el que se cumplen todos nuestros deseos, o inventar una historia en la que vencemos nuestras dificultades.
Podemos tener nuestra propia voz, esto quiere decir que no vamos a decir lo que nos dicten sino lo que pensamos o sentimos. Eso nos obliga a descubrir nuestros pensamientos, a sostenerlos o cambiarlos.
“Nuestra voz” quiere decir: nuestra verdad, dicha con las palabras que encontramos. Es única, nadie la tiene por nosotros, se puede descubrir, mejorar y cambiar.
Al escribir nos gusta llamar la atención de los que nos van a leer, y que nos crean. Hay que aprender cómo: se puede aprender eso, y es divertido.
Nadie tiene la obligación de escribir, el que quiere puede hacerlo, y quien no lo desee no debe sentirse obligado.
Cuando escribimos podemos ser más libres y ser más fuertes. Sentirnos mejor con nosotros mismos. Tener más secretos y tener más amigos.
Es como ir en bicicleta: hay lugares en los que podemos ir con todo, y otros en los que hay que tener cuidado de no atropellar a nadie, o de que nos choquen. Con un lápiz pasa lo mismo.
Yo, Luis, escribo porque me divierte, también porque necesité contar cómo murió mi papá y cómo extrañé a mi mamá. Porque el amor me dio tan alegría que quise escribir. También porque me sentí tan confundido que necesité escribir para aclararme un poco. Porque siento que puedo ayudar, y porque me da mucho placer cuando se produce silencio ante una historia que leo. También porque me gusta mucho hacer reír. Escribo porque me siento más acompañado o menos triste, más fuerte, más claro, más poderoso.

Luis M. Pescetti
Escritor (reconocido y seguido por un gran público infantil, en el que se encuentran los adultos),  músico y actor argentino.