viernes, 30 de mayo de 2014

Poesía - Cecco Angiolieri

S’i’ fosse foco, arderei’l mondo;
s’i’ fosse vento, lo tempesterei;
s’i’ fosse acqua, i’ l’annegherei;
s’i’ fosse Dio, mandereil’en profondo;

s’i’ fosse papa, sare’allor giocondo,
che tutti’i cristiani imbrigherei;
s’i’ fosse ’mperator, sa’ che farei?:
a tutti mozzarei lo capo a tondo.

S’i’ fosse morte, andarei da mio padre;
s’i’ fosse vita, fuggirei da lui:
similemente farìa da mi’ madre.

S’i’ fosse Cecco, com’i’ sono e fui,
torrei le donne giovani e leggiadre:
e vecchie e laide lasserei altrui.


Cecco Angiolieri (1260-1312/3?)

lunes, 21 de abril de 2014

Al Maestro (2)



"... Creo que toda mi vida y todo mi trabajo ha servido para responder a una sola pregunta: ¿Qué es la soledad? Se habla de la soledad del poder, la soledad del corredor de maratón, la soledad de los escritores. Se habla de la soledad de todo, así se puede sospechar que lo que pasa es que todos, absolutamente todos, estamos solos. El hecho es que si pudiera descifrarlo, probablemente no  escribiría más, porque, de hecho, escribo para saber qué es la soledad. Así que prefiero no saber y continuar escribiendo todavía por mucho tiempo más ". 
Gabriel García Márquez

Al Maestro (1)



“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Cien años de soledad
Gabriel García Márquez
(1927-2014)

domingo, 13 de abril de 2014

Al Maestro




No diremos adiós.
Decimos que tu vida llenó momentos inolvidables de la nuestra.
Que tu humildad y sencillez nos abrumó de ejemplos.
Que tu actuación expandió nuestros sentidos.
Que siempre tuviste una mano abierta para nosotros.
Que estarás presente siempre con esa verdad 
que emerge de la palabra justa.
Que en el ayer, en el ahora y en el mañana
siempre te recordaremos con ese guardapolvo 
que te pusiste en la Carpa Blanca,
con esas estrofas que leíste para Carlos Fuentealba,
con la lectura de “Mandarinas” en el homenaje que Ctera 
les brindó a los docentes detenidos desaparecidos.
No diremos adiós.
Decimos que sos aquel Compañero de los momentos difíciles.
Decimos que seguirás siempre aquí con nosotros
habitando cada rincón de nuestros corazones, 
construyendo con tu luz, nuevas vidas.
No diremos adiós.
Sólo decimos Alfredo Alcón,
Sólo decimos Maestro.

Alejandro Demichelis
Secretario de Prensa Ctera.

lunes, 7 de abril de 2014

Del suo veloce volo


Del suo veloce volo


La rebeldía lleva la vida entera






Ser rebelde lleva la vida entera,
borrarte los privilegios de la piel,
inscribirte en la soledad del desacuerdo,

dejar atrás a los usurpadores....
No hay premio a una rebelde
más allá de poder regar sus flores en el tiempo que apropia,
salir a dar de comer a las aves una mañana donde el capital devora,
sonreír con los dientes maltrechos ante la desventura del desayuno,
ser indigente en la casa que nadie sueña.
Las rebeldes saben de qué están hechos los premios,
rechazan los mendrugos que lanza la mano del opresor.
Una rebelde tiene como único premio la vida,
porque de ella nadie se apropia,
en ella nadie la usurpa,
porque es la única tierra propia de cada rincón donde duerme.
Su rebeldía alcanza siempre a cobijar el
desánimo del progreso
y si de paso una rebelde tiene la alegría
en soledad, ha vencido al mundo



Doris Lessing (1919-2013)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

martes, 3 de septiembre de 2013

domingo, 16 de junio de 2013

Mi padre, el inmigrante


"Mi padre, Juan Bautista Gerbasi, cuya vida es el motivo de este poema, 
                                                        nació en una aldea viñatera de Italia, a orillas del Mar Tirreno, 
                              y murió en Canoabo, pequeño pueblo venezolano escondido en una agreste
                                                                                                                         comarca del Estado Carabobo".

VII

Tu aldea en la colina redonda bajo el aire del trigo,
frente al mar con pescadores en la aurora,
levantaba torres y olivos plateados.
Bajaban por el césped los almendros de la primavera,
el labrador como un profeta joven,
y la pequeña pastora con su rostro en medio de un pañuelo.
Y subía la mujer del mar con una fresca cesta de sardinas.
Era una pobreza alegre bajo el azul eterno,
con los pequeños vendedores de cerezas en las plazoletas,
con las doncellas en torno a las fuentes
movidas rumorosamente por la brisa de los castaños,
en la penumbra con chispas del herrero,
entre las canciones del carpintero,
entre los fuertes zapatos claveteados,
y en las callejuelas de gastadas piedras,
donde deambulan sombras del purgatorio.
Tu aldea iba sola bajo la luz del día,
con nogales antiguos de sombra taciturna,
a orillas del cerezo, del olmo y de la higuera.
En sus muros de piedra las horas detenían
sus secretos reflejos vespertinos,
y al alma se acercaban las flautas del poniente.
Entre el sol y sus techos volaban las palomas.
Entre el ser y el otoño pasaba la tristeza.
Tu aldea estaba sola como en la luz de un cuento,
con puentes, con gitanos y hogueras en las noches
de silenciosa nieve.
Desde el azul sereno llamaban las estrellas,
y al fuego familiar, rodeado de leyendas,
venían las navidades,
con pan y miel y vino,
con fuertes montañeses, cabreros, leñadores.
Tu aldea se acercaba a los coros del cielo,
y sus campanas iban hacia las soledades,
donde gimen los pinos en el viento del hielo,
y el tren silbaba en lontananza, hacia los túneles,
hacia las llanuras con búfalos,
hacia las ciudades olorosas a frutas, hacia los puertos,
mientras el mar daba sus brillos lunares,
irás allá de las mandolinas,
donde comienzan a perderse las aves migratorias.
Y el mundo palpitaba en tu corazón.
Tú venías de una colina de la Biblia,
desde las ovejas, desde las vendimias,
padre mío, padre del trigo, padre de la pobreza.
Y de mi poesía.

En "Mi padre el inmigrante" de Vicente Gerbasi (Venezuela,1913 - 1992)