jueves, 23 de septiembre de 2010

Y fui feliz

Hay días que se justifican y tienen su "valer la pena" por una sola frase, pronunciada al viento pero grabada a fuego.

Esta mañana, un joven se atrevió -sin permiso- a "revolucionar" la calma del aula que había sido invadida de misteriosas poesías "gelmanianas" y "galeanas", hacia ya varios minutos. Él dijo en un soplo, después de leer "El infierno verdadero" de Juan Gelman: "Las ideas también merecen un porvenir".  Y fui feliz.  


Entre las 5 y las 7,

cada día,
ves a un compañero caer.
No pueden cambiar lo que pasó.
El compañero cae,
y ni la mueca de dolor se le puede apagar,
ni el nombre,
o rostros,
o sueños,
con los que el compañero cortaba la tristeza
con su tijera de oro,
separaba,
a la orilla de un hombre,
o una mujer.
Le juntaba todo el sufrimiento
para sentarlo en su corazón
debajito de un árbol
El mundo llora pidiendo comida
Tanto dolor tiene en la boca
Es dolor que necesita porvenir
El compañero cambiaba al mundo
y le ponía pañales de horizonte.
Ahora, lo ves morir,
cada día.
Pensás que así vive.
Que anda arrastrando
un pedazo de cielo
con las sombras del alba,
donde, entre las 5 y las 7,
cada día,
vuelve a caer, tapado de infinito

 
*En la imagen, "Civilizacion occidental y cristiana" deLeón Ferrari

2 comentarios:

Anónimo dijo...

NOE. es difícil que me creas, pero estoy lagrimeando frente a tu correo. No es sensiblería ni casualidad. Vengo de una mañana movida a nivel emocional y espiritual, promovida a drede por mi hermano Luis.
Fueron olas rompiendo contra una ESCOLLERA un poco petrificada por el paso del tiempo. (...)
Parece contradictorio, pero yo también fui feliz.
Celebremos el estado de conciencia y la certeza de que en las aulas "no todo está perdido".
Nos vemos, beso
Ana

María Noemí dijo...

Anita: De "las olas rompiendo contra una escollera", hablemos en la previa al Teatro. En cuanto al mundo áulico, a veces, es territorio virgen por conquistar; otras, chispazos de luz -enceguecedores, pero efímeros-; y otras, es la descarnada conciencia y la certeza de lo irrenunciable: el último bastión, aún con sus carencias y dificultades, sigue siendo la Escuela Pública. Ya no existe el Club de Barrio, la bandita de la esquina, el picadito en el terreno baldío de la otra cuadra, les han robado a nuestros pibes mucho espacio, entre otras cosas. Pero la Escuela con sus Docentes, seguimos estando. Para hablar, reflexionar, abrir, acompañar, ocultando y desocultando... Estamos y mientras eso sea así, nada está perdido.

Un abrazo fuerte!!!