martes, 6 de octubre de 2009

Final del "no viaje"

En esta parada daré por terminado el viaje que no fue. Y con ella la sección "Viajar".
Seguiremos encontrándonos en otros "viajes", con otros itinerarios, con otras compañías, con otros paisajes y aromas. Tal vez sucedan, tal vez...


¿Quién sueña a quién en estos días?
¿Vos que me sonreís desde el más allá o yo que sueño tu risa estrellarse en el aire que es el mismo aire que respiro?...

Cuando miro mis manos y encuentro en ellas tu misma piel blanca y suave, entiendo la genética. Aunque compartimos otras muchas "marcas" de esta descendencia que lleva impreso en nuestro nombre al Río.

Cuando me sorpendo pronunciando frases  o repitiendo gestos -que ahora empiezan a pertencerme del todo- entiendo que la genética nos trascendió.

Cuando en estos días el sol primaveral enciende tu amada ciudad de Buenos Aires sembrándola de alegría, movimiento y color, algo se oprime en mi corazón que no quiere -porque no puede- dejarse llevar por ese calor que abraza maternalmente.

Cuando te salgo a buscar en una canción, en una foto, en una vidriera, en una callecita porteña, en la anécdota cómplice de tus amigos, en tu agenda sembrada de estampitas comprendo la generosidad de la vida para conmigo. Aunque cada día comience a extrañarte más.

Cuando tomo conciencia que nos quedó tanto por recorrer...

Ahora comprendo, con el alma y con el cuerpo, qué es dejar de ser hijo.

Ahora entiendo cuál era esa fuerza gallarda que siempre llevé en mí y que me impulsó a la Vida y a Vivir. Cuando se desaceleraban mis  pasos, cuando ya no me interesaba llegar a algún lugar, cuando me ganaba el desánimo, ahí, la potencia de tu espíritu vital ganaba mi coraje y me lanazaba al camino del vivir sin red. Como ahora. Con tu legado en mis ojos.

Ahora que otros caminos en lo eterno te entretienen y que otro Viaje es el que te lleva, me quedo con todo lo que en mí hay de vos. Tu sonrisa franca y generosa. Tus manos hondas y fuertes con que nos sostuviste y me regalaste tu última caricia. Tu palabra siempre a tiempo en el consejo. Tu complicidad profunda y callada en el silencio. Tu cantar porteño, tu decir serratiso, tu enojo calabres. Tu amor por la Vida, por la Amistad y la Familia. Tus Lealtades, tus Justicias, tus siete Caídas y tus setenta veces "Levántate y anda".  Tu mesa familiar regada del generoso Banquete del beber, del comer y de la alegría del compartir la “re-unión”.

Ahora que hay que seguir, que hay que aprender, que hay que saberse la historia para que no se apague.

Ahora, le robaría a los árboles sus ramas, a los pájaros su canto, al mar su oleaje, al viento su ronroneo para que todos juntos, y a la vez, te llenen los oídos de aplausos y la mirada de caricias.

Ahora que intento esta despedida, este "hasta pronto", este "ciudate", este "andá despacio", este "atenti", este "abrigate", este "no vuelvas tarde", este "¿te llevo un mate?".

Ahora que salí a buscarte entre tu porteñas callecitas, entre tus esquinas que son ahora toda mi fortuna.

Ahora que tu ausencia me roba una sonrisa. Ahora que tus pasos no se escuchan. Ahora que tu decir risueño no me arranca carcajadas interminables. Ahora que me pueblan recuerdos con aromas, con colores, con texturas. Ahora que te encuentro en cada pibe que sale a mi encuentro en las calles. Ahora que necesito entender.  Ahora, que es mi tiempo. Chau, Gordito. Chau, Viejo. Nos vemos arriba.

30-8-1936
6-9-2009


2 comentarios:

Cris dijo...

Noe, ojalá podamos darles a nuestros hijos algo de ese amor que recibimos de nuestros padres, para que ellos puedan hablar alguna vez como lo hacés vos, hoy, de tu padre... Es un legado que merece honrarse. Abrazos.

María Noemí dijo...

Gracias, Cris, con el corazón.

Mis palabras hablan porque él fue en "el buen sentido de la palabra bueno" (parafraseando a Antonio Machado).

Seguimos encontrándonos en próximos posteos. El "viaje" por este año, terminó. El próximo será.

Un abrazo grande