miércoles, 2 de marzo de 2011

Buenos Aires y el mar

El verano pareciera aquietarse.
La brisa fresca se escurre por entre mis lienzos
y un aroma a tierra amanecida me inunda.
Pienso en nada. Pienso a Buenos Aires.
Recorro su arquitectura,
sus variopintos personajes,
me emociona el recuerdo de mi padre.
El día se desliza pesadamente, y regreso a casa.
Pienso en las historias cruzadas,
ésas que pudieron ser y no fueron,
en aquellas que esperan ser descubiertas,
en las otras que navegan por ríos advenedizos.
Pienso en los afectos ganados,
en una niña.
El mar me espera.
Hacia allá comenzaré a caminar mañana.

1 comentario:

Marisa Negri dijo...

qué bueno que la mirada se expanda y con ella las mil y un posibilidades de devenir

que el mar envuelva y traiga caracoles, mensajes en botellas y peces blancos

feliz descanso!