domingo, 27 de marzo de 2011

La búsqueda del lenguaje

Ángela Pradelli abre desde "La búsqueda del lenguaje - Experiencias de transmisión" un sin fin de reflexiones acerca del espacio que ocupa la palabra, ese lenguaje que nos nombra, en la vida cotidiana, social y profesional de los sujetos, en este caso alumnos, profesores y escritores. Veamos, algunas reflexiones: "El cambio primero será aquel que ponga al lenguaje en el centro de nuestras escuelas secundarias, que haga de la lengua un eje en cada una de nuestras aulas." (pp.19) (...) "Tenemos que pensar un futuro que haga de este mundo una tierra mejor. Para eso también necesitamos palabras. Nuestros alumnos necesitan las palabras para soñar sus sueños, para pronunciar los verbos que les abran las puertas propias y también las puertas de 'el otro'." (pp.25)  Reflexionar sobre la palabra, el lenguaje, la lectura, la escritura, el acceso al saber de los alumnos y sobre la transmisión que los profesores realizan de esas prácticas, es uno de los ejes del libro.

Otro recorrido -simplemente- puede situarse en la metareflexión por parte del lector docente a partir de preguntas sembradas a lo largo de las páginas: "¿qué enseñamos los profesores en las clases de lenguaje? (...) ¿cómo enseñamos la lengua? ¿qué buscamos los docentes, qué aprenden nuestros alumnos?" (pp.18) (...) "¿Qué buscamos los profesores en nuestras clases?" (pp.20) (...)"¿qué es lo que se enseña y qué es lo que se aprende en las clases?" (pp.21) ( ...) ¿qué hace que algunas mujeres y algunos hombres sean reconocidos como maestros más allá de sus títulos habilitantes?¿Cuál es el lazo que une a un maestro con su discípulo en una tensión que no carece de conflicto?"(pp.167).

Y en un tercer lugar -pero no por eso menor- las deliciosas anécdotas que van enriqueciendo cada uno de los capítulos, cada una de "las clases". Acuden al rescate, el decir de experiencias con John Berger, Libertad Demitrópulos y Joaquín Giannuzzi, el gordo bueno de O. Soriano, A. Dal Masetto, G. G. Márquez, Roberto Juarróz y, por supuesto, su padre, entre otros.

La literatura, la palabra, el lenguaje, la lectura y la escritura. En casa, en el aula, en la biblioteca, en el laboratorio, en un libro, en la lectura oral, en la vida constitutiva del joven alumno y del docente que transmite (o debiera intentarlo), aquello que Ángela eligió muy bien como parte del epígrafe del libro: "El maestro debe ser un artista, debe estar ardientemente enamorado de su labor", Antón Chéjov.

Por esto, recomiendo su lectura.

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